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Archivos Mensuales: diciembre 2009

“ARMA VIRUMQUE CANO -’Canto a las armas y al hombre…’. Así comenzó Virgilio la Eneida, narrando el esplendor de los belicosos orígenes de Roma.

Nuestro libro no celebra el épico heroísmo, y mucho menos la guerra. Más bien se dedica a las propiedades genéricas de la guerra: sus causas, su carácter y sus conclusiones. Así, podríamos subtitularlo: “Estudiamos a las armas y al hombre”. Mas, porqué estudiar la guerra ? Nuestra respuesta ha de iniciarse con la que dio John Adams, uno de los primeros estadistas norteamericanos, a su mujer durante la revolución americana:

‘Debo estudiar la política y la guerra para que mis hijos tengan la libertad de estudiar matemáticas, filosofía, geografía, historia natural, ingeniería naval, comercio y agricultura. Para que sus hijos tengan derecho a estudiar pintura, música, arquitectura, escultura, tapicería y porcelana.’

Pero Adams desconocía la eterna cuestión que los realistas podrían haberle planteado: ‘Qué conocimiento de la guerra deberían tus nietos tener cuando, como legados de la comodidad, seguridad y bienes que la generación de Adams ha logrado para ellos, dediquen la mayor parte de su tiempo al estudio de las más elevadas y gentiles artes?’ Durante cuánto tiempo permitiría este mundo cruel que un pueblo formado por gentes dedicadas a la pintura y a la porcelana pudiera sobrevivir libremente si hubiera olvidado el arte de la guerra que hizo posible su refinado nivel de vida? Si Adams hubiera vuelto a leer la sabiduría del Renacimiento podría haber recordado aquella inscripción que la República de Venecia -pequeña, rica e independiente durante mil años- hizo grabar en la entrada de su Arsenal:

‘Feliz aquella ciudad que en tiempos de paz piensa en la guerra’

“War”, Paul Seabury y Angelo Codevilla (1989)

“Hasta hace poco tuve por vecina a una ninfómana. Los muchachos del barrio la llamaban loca, y unos hombres vestidos de blanco le dijeron ‘Ven’, como en la canción de Mocedades. Los hombres vestidos de blanco eran unos psiquiatras (y, ahora que lo pienso, me está quedando un libro muy transitado por gente turulata o por lo menos rarilla), a quienes supongo que la ninfómana andará engatusando todavía hoy por los pasillos del frenopático. Su ausencia ha devuelto la tranquilidad a los vecinos, que ya no tropiezan en la calle con la lascivia pertinaz de aquella muchacha, y pueden salir tranquilos a comprar el pan. La ninfómana del barrio era una expósita que se había fugado del hospicio, después de granjearse la complicidad de los vigilantes (que fueron, por tanto, los que la estrenaron). A la ninfómana se la veía deambular, siempre por la acera de la izquierda, a contrapelo de los transeúntes, desbragada y haciendo visajes. Muchos hombres desesperados, intrépidos o simplemente viciosos (entre quienes me incluyo) nos enganchábamos al reclamo de la mujer que no pone pegas y se deja querer. La ninfómana de nuestro barrio no tenía nombre, o lo había olvidado, o quizá hubiese renegado del sacramento del bautismo, pero el caso es que nosotros, sus clientes, la llamábamos Ninfa, por simplificación fonética, no por parecido mitológico, puesto que Ninfa tampoco era nada del otro mundo: tenía salidas de pata de banco, frases de villana,  y además era pecosilla y chata, dos distintivos desasosegantes para cualquier lector de Lombroso. Con Ninfa nos íbamos a los desmontes,  a follar entre escombros y matas de ortigas que nos dejaban el culo abrasado y el alma coronada por las espinas del remordimiento. Ninfa tenía un coño amplio, desalojado, una mansión de coño, con sus dependencias y vestíbulos y traspatios y retretes para las actividades más íntimas, un coño evangélico, caritativo (aunque quizá fuésemos nosotros quienes actuábamos por caridad), que no hubiese rehusado siquiera el incesto, con tal de sofocar su furor uterino. Ninfa nos designaba a todos por nuestro nombre de pila, con alarde memorístico impropio de las tontas, y, mientras fornicaba, nos clavaba las uñas a la altura de los omóplatos y reviraba un poco los ojos (eso sí era síntoma de idiotez), en una especie de bizqueo que sólo duraba unos segundos, los suficientes, en todo caso, para que la sombra de la culpabilidad nos amargase el día y parte de la noche. Aprovecharse de las tontas es delito perseguidísimo, y más si las tontas bizquean.

Cuando se llevaron a la ninfómana al manicomio, hubo un incremento de violaciones que las estadísticas registraron y algunas inocentes sufrieron en carne propia.”

Juan Manuel de Prada, “Coños” (1995)

Juan Manuel de Prada es, entre otras cosas, participante en tertulias de radio en la Cadena COPE, cadena de la Conferencia Episcopal Española, desde Septiembre de 2009.

“No pretendemos afirmar que no existen problemas morales relacionados con la economía. Al contrario, una clave de nuestros problemas yace en la moral, pero no como habitualmente se piensa.

Cuando los políticos pueden presentarse a las elecciones con la consigna de que van a recortar la libertad de los ciudadanos y éstos los votan, es evidente que hay un problema moral. Cuando se insiste en que la gente ha perdido valores éticos, pero aparentemente se acepta que las autoridades los mantienen, es evidente que hay un problema moral. Cuando se acepta que el capitalismo necesita una reconstrucción ética, pero al socialismo le sobran principios, es evidente que hay un problema moral. Cuando el mercado libre es juzgado por el peor de sus resultados, pero el intervencionismo político y legislativo es juzgado por el mejor de sus objetivos, es evidente que hay un problema moral. Cuando se parte de la base de que la libertad es sospechosa y la coacción virtuosa, es evidente que hay un problema moral. Cuando todo el mundo condena las estafas como la de Madoff, en las que los que aportan pagan las prestaciones pero no hay capital alguno que las financie de modo genuino, pero todo el mundo aplaude la Seguridad Social, cuyo funcionamiento es análogo, es evidente que hay un problema moral. Cuando se piensa que el comunismo y el capitalismo son similares e idénticamente condenables, es evidente que hay un problema moral. Cuando se interpreta la justicia como usurpar los bienes de los ciudadanos, es evidente que hay un problema moral. Cuando los ciudadanos aceptan que deben renunciar a toda responsabilidad individual y aceptar que el poder los someta, por su bien, es evidente que hay un problema moral. Cuando se supone que los impuestos no deben ser nunca objetados porque representan el anhelo popular por una benéfica coerción, es evidente que hay un problema moral. Cuando se acepta de buen grado y hasta se aplaude que quienes apoyaron o apoyan las sangrientas tiranías comunistas impartan arrogantes lecciones sobre la corrupción capitalista, es evidente que hay un problema moral. Cuando se piensa que los pobres necesitan la opresión política para salir de la pobreza, es evidente que hay un problema moral. Cuando todos los millonarios son condenados independientemente de si acumularon su fortuna en el mercado o gracias a privilegios intervencionistas, es evidente que hay un problema moral. Cuando se saludan como conquistas sociales lo que son incursiones del poder sobre la libertad individual, es evidente que hay un problema moral. Cuando se piensa que sólo la coacción brinda beneficios sociales en términos de pensiones, sanidad o educación, y que la libertad equivaldría a la desaparición de estos servicios, como si éstos fueran gratis o un regalo de los políticos, es evidente que hay un problema moral. Cuando se admite sin tapujos que la gente libre es codiciosa y tiende a dañar la economía, las finanzas, la sociedad, la igualdad, la salud, la naturaleza y hasta el clima, es evidente que hay un problema moral.”

Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo, “Una crisis y cinco errores” (2009)

“… la libertad no se hace plena hasta que no se está dispuesto a morir sin que ninguna necesidad, ni aun la de vivir, sea más imperiosa que la libertad misma. Pensemos, como ejemplo paradigmático, en los espartanos y los ilotas. Los ilotas vivieron esclavizados por los espartanos porque preferían vivir a ser libres. Los espartanos, por el contrario, eran libres porque preferían morir a vivir de otro modo. Ahora bien, esta opción es una opción moral que entraña virtud, y virtud en un alto grado. Por lo que la libertad, partiendo de una experiencia común y en principio siendo poseída por todos, termina por convertirse en uno de los medios privilegiados para la singularización de los individuos y de los pueblos. Quizá por ello la experiencia de la libertad política es una experiencia minoritaria, y en la historia de los pueblos, los de libertad hayan sido momentos más bien excepcionales.

Bien es verdad que esta idea de libertad es ‘antigua’, y que hoy en día existe una libertad ‘moderna’. La libertad moderna fue caracterizada por Constant como la garantía del disfrute de unos derechos individuales básicos frente a posibles intromisiones de la sociedad o del poder político. Son dos formas de libertad -decía Constant- que no deben ser confundidas. Los antiguos conocieron y disfrutaron una y los modernos conocemos y disfrutamos otra.”

Sabiduría clásica y libertad política”, Elio A. Gallego

“¡Gran día el de hoy! Las tropas nacionales han entrado en Barcelona con banderas desplegadas y sin encontrar resistencia.

La población no ha sido evacuada -¡no hubo tiempo para hacerlo!- y parece que no se han producido las destrucciones y las masacres de última hora que eran de temer.

Sólo quiero pensar que ha llegado a su fin la espantosa tragedia que ha vivido Barcelona desde el día 19 de Julio de 1936.

Los barceloneses -¡entre tanto criminales y carniceros hay infinidad de buenas personas y tantos amigos fieles!- ya podrán comer, tener luz y lavarse. Podrán pasar las noches sin el miedo a los bombardeos. No tendrán que temer nuevas levas. Los que no hayan cometido crímenes podrán dormir tranquilos. Los católicos podrán practicar su culto públicamente. Los propietarios podrán recuperar lo que era suyo … o lo que quede de ello. Los obreros podrán esperar un período de normalidad en su trabajo, sin huelgas, cotizaciones sindicales, amenazas ni miseria.

Después de los sufrimientos y de las angustias de los últimos meses, los barceloneses estarán contentos. No hay que hacerse, sin embargo, muchas ilusiones: a medida que la situación mejore, se iniciarán sus quejas. La paz no traerá una vida como la de antes … y ninguno de los culpables, por acción o por omisión, cargará con las culpas.

No pensemos en el mañana.; pensemos en el día de hoy y participemos en la alegría inmensa de todos nuestros amigos …, en la que tendríamos nosotros si nos encontráramos en su lugar.

He pasado horas con la radio. Las palabras que escuchaba me indignaban, pero el sonido de las aclamaciones me enternecía. Piensen lo que piensen, digan lo que digan, los que hoy han entrado en Barcelona son los libertadores.¡  Ha tenido que derrumbarse nuestra tierra para que esto fuera posible !”

Francesc Cambó, “Dietario”

Entrada correspondiente al 26 de Enero de 1939, fecha de la entrada del Ejército Nacional en Barcelona, escrita en Montreux (Francia)

“Resultará de una gran ejemplaridad que el pueblo catalán y los del resto de España vayan conociendo las cuentas que reflejan la administración de la Esquerra, aunque el total conocimiento de tales cuentas es absoluta y rotundamente imposible. No hay en Cataluña nadie capaz de desentrañar esas cuentas. Recuérdese que cuando se inaguró el Parlamento catalán los diputados de la Lliga pidieron insistentemente que la Esquerra rindiese cuenta de su gestión durante el primer año de República. No hubo manera de conseguirlo. Macià se sintió gravísimamente ofendido y alegaba que el pueblo, al darles de nuevo sus votos, les otorgó su confianza y quedaban relevados de la humillación de dar explicaciones acerca de la inversión de fondos. Y así nos quedamos sin saber a cuánto habían ascendido los gastos de aquellas partidas importantes, como la propaganda del Estatuto; el banquete de gala a Azaña, con los viajes, hospedajes y dispendios del numeroso acompañamiento; la lujosa instalación de la residencia oficial del presidente de la Generalidad …

El presidente interino de la Generalidad hizo pública, el 12 de noviembre, una nota en la que denunciaba que las malversaciones de Dencàs en los fondos de Beneficencia ‘revisten las características de una estafa’. Del expediente incoado resulta que el Comité de Asistencia Social, que ni se reúne ni actúa en favor de los menesterosos, gastaba mensualmente de 30 a 40.000 pesetas en comilonas, francachelas, mujeres y gastos secretos. Sólo se dedicaban unas 3.000 pesetas en favor de los necesitados.

El mismo día se hizo público que en los tres primeros años de la República, el Comité Pro-Liceo tenía un déficit de 398.256,86 pesetas, como consecuencia de las desastrosas temporadas de ópera, baile y fiestas emprendidas bajo la actuación del Consejero de Cultura de la Generalidad, el poeta Gassol. ¡Cerca de ochenta mil duros! ¡Caro costó el capricho de que los personajes de la autonomía luciesen algunas noches sus pintorescos trajes de etiqueta, ya que no faltaron entre ellos quienes acudieron a las funciones de gala vestidos de frac y tocados con boina!…”

Enrique de Angulo, “Diez horas de Estat Català” (1934)

El periodista Enrique de Angulo, testigo presencial del intento de golpe de estado de ERC en Octubre de 1934 en Barcelona y autor de una muy notable crónica periodística del mismo, se refiere a la corrupción galopante existente en la autonomía.

“La conocida tradición norteamericana, sin embargo, tanto de la libertad civil como de la libertad constitucional, como yo he definido antes, estos términos, tuvieron su origen muchísimo tiempo después de Aristóteles. Su origen se remonta al esfuerzo de Cicerón para verter al lenguaje jurídico la concepción estoica de un orden universal, un Cosmos basado sobre una razón divina que dirige a la vez los movimientos de los cuerpos celestes y la conducta de los hombres buenos. En un pasaje de su ensayo acerca del Estado (De Re Publica) de cuyo conocimiento somos deudores a uno de los Padres de la Iglesia -la calidad conservadora de un buen estilo raramente ha sido ejemplificada más sorprendentemente- Cicerón describe la ley natural (lex naturalis) como ‘recta razón, armónica con la naturaleza, de dominio universal, una ley que no puede ser derogada por nadie ni abrogada, una ley que no requiere intérprete, dado que todos los hombres son capaces de entenderla, una ley que es la misma para Roma y para Atenas, la misma es en un tiempo como en otro’.

Pero es en su ensayo sobre las leyes (De Legibus) donde Cicerón hace su contribución más clara. Identificando ‘la recta razón’ con los atributos de la naturaleza humana por medio de los cuales ‘el hombre es un socio de los dioses’ asigna la cualidad obligatoria de la ley civil misma a su ser en armonía con los atributos universales de la naturaleza humana. En el talento natural del hombre y especialmente en su acción social deben hallarse -afirma Cicerón- la fuente verdadera de las leyes y de los derechos.

Y posteriormente agrega: ‘nosotros hemos nacido para la justicia y el derecho no es una estructura meramente arbitraria de opinión sino una institución natural’. De aquí fluye el concepto de que la justicia no es una simple utilidad, como afirmaban los epicúreos, porque ‘lo que está establecido por razón de utilidad puede ser subvertido para obtener utilidad’. Existe, en pocas palabras, una justicia duradera que se puede hallar en los elementos permanentes de la propia naturaleza humana, que supera la utilidad sobre la cual se eleva, y la ley positiva debe incluir esto si pretende la adhesión de la razón humana”.

Edward S. Corwin, “Libertad y gobierno” (1984)

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