“ARMA VIRUMQUE CANO -’Canto a las armas y al hombre…’. Así comenzó Virgilio la Eneida, narrando el esplendor de los belicosos orígenes de Roma.
Nuestro libro no celebra el épico heroísmo, y mucho menos la guerra. Más bien se dedica a las propiedades genéricas de la guerra: sus causas, su carácter y sus conclusiones. Así, podríamos subtitularlo: “Estudiamos a las armas y al hombre”. Mas, porqué estudiar la guerra ? Nuestra respuesta ha de iniciarse con la que dio John Adams, uno de los primeros estadistas norteamericanos, a su mujer durante la revolución americana:
‘Debo estudiar la política y la guerra para que mis hijos tengan la libertad de estudiar matemáticas, filosofía, geografía, historia natural, ingeniería naval, comercio y agricultura. Para que sus hijos tengan derecho a estudiar pintura, música, arquitectura, escultura, tapicería y porcelana.’
Pero Adams desconocía la eterna cuestión que los realistas podrían haberle planteado: ‘Qué conocimiento de la guerra deberían tus nietos tener cuando, como legados de la comodidad, seguridad y bienes que la generación de Adams ha logrado para ellos, dediquen la mayor parte de su tiempo al estudio de las más elevadas y gentiles artes?’ Durante cuánto tiempo permitiría este mundo cruel que un pueblo formado por gentes dedicadas a la pintura y a la porcelana pudiera sobrevivir libremente si hubiera olvidado el arte de la guerra que hizo posible su refinado nivel de vida? Si Adams hubiera vuelto a leer la sabiduría del Renacimiento podría haber recordado aquella inscripción que la República de Venecia -pequeña, rica e independiente durante mil años- hizo grabar en la entrada de su Arsenal:
‘Feliz aquella ciudad que en tiempos de paz piensa en la guerra’
“War”, Paul Seabury y Angelo Codevilla (1989)