“Gran treta es ostentarse al conocimiento, pero no a la comprensión; cebar la expectación, pero nunca desengañarla del todo. Prometa más lo mucho, y la mejor acción deje siempre esperanzas de mayores.
Excuse a todos el varón culto sondarle el fondo a su caudal, si quiere que le veneren todos. Formidable fué un río hasta que se le halló vado, y venerado un varón hasta que se le conoció término a su capacidad; porque ignorada y presumida profundidad, siempre mantuvo con el recelo el crédito.
Culta propiedad fué llamar señorear al descubrir, alternando luego la victoria sujetos: si el que comprende señorea, el que se recata nunca cede.
Esta primera regla de grandeza advierte, si no el ser infinitos, a parecerlo, que no es sutileza común.
En este entender, ninguno escrupuleará aplausos a la cruda paradoja del sabio de Mitilene: ‘más es la mitad que el todo”; porque una mitad en alarde y otra en empeño, más es que un todo declarado.
¡Oh, varón cándido de la fama! Tú, que aspiras a la grandeza, alerta el primor. Todos te conozcan, ninguno te abarque; que con esta treta, lo moderado parecerá mucho, y lo mucho infinito, y lo infinito más.”
Baltasar Gracián, “El héroe” (1637)